Rodrigo Rojas-Andrade: «Quiero que construyamos una Escuela en movimiento»

por | Sep 23, 2026 | Noticias | 0 Comentarios

El nuevo director de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago de Chile plantea una gestión orientada a fortalecer la formación, ampliar las áreas de desarrollo de la disciplina y articular la investigación en torno a un proyecto colectivo. Su propósito es que la Escuela sea una comunidad activa, capaz de definir conjuntamente hacia dónde quiere avanzar y qué psicología quiere aportar al país.

La relación del Dr. Rodrigo Rojas-Andrade con la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago de Chile comenzó en 2015, cuando se incorporó como docente mientras realizaba su Doctorado en Psicología en la Universidad de Chile. Desde entonces, su trayectoria académica ha estado vinculada principalmente a la psicología comunitaria y educacional, con especial énfasis en salud mental, educación y ciencia de la implementación.

Con el paso de los años, esa vinculación se transformó en un compromiso creciente con el desarrollo de la Escuela. En 2022 se incorporó al área de Psicología Educacional y posteriormente pasó a integrar su cuerpo académico regular. Actualmente, además de ejercer como director, desarrolla docencia en el ámbito de la salud mental escolar.

Rojas-Andrade asume la dirección en un momento que considera especialmente relevante para proyectar el desarrollo de la Escuela. Reconoce como fortalezas la trayectoria de su cuerpo académico, la investigación que desarrollan sus equipos, las redes de colaboración construidas dentro y fuera de la Universidad y, particularmente, el compromiso de estudiantes, académicos, profesores por hora y funcionarios con la vida de la comunidad.

Su propuesta parte de una idea que atraviesa toda su visión de gestión: consolidar lo construido, pero también generar las condiciones para imaginar colectivamente el futuro.

¿Qué sello le gustaría aportar a la Escuela durante su gestión?

“Me gustaría que, al terminar este periodo, pudiéramos mirar hacia atrás y reconocer una Escuela que estuvo en movimiento. Una Escuela donde ocurrieron cosas, donde fuimos capaces de iniciar procesos, desarrollar proyectos, experimentar, aprender, equivocarnos cuando correspondiera y también reparar.

Pero no pienso ese movimiento como algo individual ni como el proyecto de una dirección. Me interesa que sea un movimiento colectivo. Tenemos una tarea muy importante, que es preguntarnos cuál queremos que sea el futuro de la Psicología en la Universidad de Santiago y qué tipo de Escuela queremos construir para los próximos años.

Esa respuesta no puede definirla una sola persona. Tenemos que construirla entre todos. Mi compromiso como director es ayudar a movilizar los recursos, las capacidades y las oportunidades necesarias para que podamos avanzar hacia las metas que colectivamente nos propongamos.”

¿Cuáles considera que son los principales desafíos de la Escuela?

“Tenemos varios desafíos importantes. Uno de ellos es fortalecer decididamente nuestra educación continua y ampliar las posibilidades de especialización y desarrollo profesional que ofrecemos.

También existe mucho interés, tanto de estudiantes como de académicos, por fortalecer ámbitos de la psicología que necesitan una expresión más clara dentro de nuestro proyecto formativo. Uno de ellos es el campo de la Psicología Social y de las intervenciones sociales. Tenemos una tradición muy importante en esta área y debemos preguntarnos cómo proyectarla hacia el futuro.

Lo mismo ocurre con investigación y ciencia abierta. Estamos desarrollando una línea que busca fortalecer las capacidades investigativas y que esperamos pueda articularse posteriormente con nuevas iniciativas de postgrado.”

A estos desafíos se suma uno que considera especialmente relevante: fortalecer la convivencia y el bienestar de la propia comunidad universitaria.

“Una Escuela de Psicología también tiene que ser capaz de preguntarse cómo construye comunidad, cómo cuida a las personas y cómo aborda sus conflictos. Necesitamos avanzar hacia una convivencia basada en derechos humanos, participación, prevención y responsabilidad colectiva. No basta con intervenir cuando aparecen los problemas. También tenemos que generar condiciones para que las personas puedan estudiar, trabajar, enseñar e investigar en ambientes respetuosos y seguros.”

Otro ámbito prioritario será fortalecer el Centro de Atención Psicológica de la Universidad. La aspiración es consolidarlo no solo como un espacio de atención y práctica clínica, sino también como una plataforma de formación, innovación, vinculación con el medio e integración de distintas áreas de la psicología.

Todo ello ocurre, además, en un contexto institucional y social que plantea nuevas exigencias.

“La Universidad está enfrentando procesos importantes, como la acreditación institucional, que requieren que todas las unidades seamos capaces de demostrar lo que hacemos, evaluar nuestros resultados y mejorar continuamente. Pero también estamos insertos en un escenario social y político complejo. La Universidad pública no puede estar aislada de esas transformaciones. Tenemos que ser capaces de comprenderlas, problematizarlas y contribuir desde la psicología.”

En un contexto en que la psicología enfrenta nuevos desafíos sociales y profesionales, ¿qué aspectos considera fundamentales fortalecer en la formación de los estudiantes?

Rojas-Andrade identifica tres dimensiones que considera inseparables: lo conceptual, lo técnico y lo relacional.

“La primera es una formación conceptual sólida. Un psicólogo o una psicóloga tiene que ser capaz de explicar y fundamentar psicológicamente lo que hace. Podemos compartir muchas herramientas con otras profesiones, pero nuestra especificidad está en la manera en que comprendemos el comportamiento humano y fundamentamos nuestras decisiones e intervenciones.”

Para ello, sostiene, la formación psicológica debe mantener una mirada amplia sobre las múltiples dimensiones que intervienen en la experiencia humana.

“No podemos comprender a una persona únicamente desde lo individual. El comportamiento humano está atravesado por dimensiones sociales, culturales, económicas, políticas, ambientales y biológicas. Por eso una buena formación en psicología necesita dialogar seriamente con las ciencias sociales y las humanidades, pero también con la biología, las neurociencias e incluso con las artes. La complejidad del comportamiento humano exige una formación igualmente compleja.”

Una segunda dimensión corresponde a lo técnico.

“No basta con comprender. También necesitamos saber qué hacer. Nuestros estudiantes tienen que desarrollar herramientas para evaluar, diagnosticar problemas, diseñar intervenciones, implementarlas y evaluar sus resultados. Y deben poder hacerlo en distintos niveles: con personas, grupos, organizaciones, comunidades e instituciones.”

La tercera dimensión, señala, probablemente constituye uno de los mayores desafíos para la disciplina: lo relacional.

“La psicología es una profesión profundamente relacional. Importa lo que sabemos y lo que sabemos hacer, pero también importa enormemente cómo nos relacionamos con otras personas. Cómo escuchamos, cómo dialogamos, cómo trabajamos con las diferencias, cómo enfrentamos un conflicto y cómo construimos confianza.

Eso obliga también a preguntarnos qué entendemos por salud mental, qué entendemos por convivencia y qué tipo de relaciones queremos construir dentro de nuestras propias instituciones.”

A estas tres dimensiones se incorpora un desafío transversal que está transformando rápidamente la educación superior y el ejercicio profesional: la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.

“No podemos formar psicólogos para un mundo que ya no existe. La inteligencia artificial va a modificar la forma en que investigamos, enseñamos, evaluamos, diagnosticamos y probablemente también la manera en que intervenimos. Nuestro desafío no es simplemente incorporar tecnología, sino formar profesionales capaces de utilizarla críticamente, con criterio ético y manteniendo aquello que es propiamente humano en nuestra disciplina.”

¿Qué rol debería cumplir la investigación dentro de la Escuela y cómo le gustaría potenciarla?

Para el director, la investigación constituye una de las principales fortalezas de la Escuela de Psicología. El desafío ahora es avanzar desde una suma de trayectorias individuales hacia una mayor articulación institucional.

“Tenemos académicos y académicas que investigan mucho, que desarrollan proyectos relevantes, publican y mantienen redes nacionales e internacionales. También tenemos estudiantes que participan activamente en investigación. Eso constituye un capital académico muy importante.

El desafío es lograr que esas investigaciones no sean únicamente los proyectos de cada investigador o investigadora, sino que comiencen también a construir una narrativa colectiva. Que podamos mirar lo que hacemos y reconocer cuáles son las grandes preguntas que la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago está intentando responder.”

Ese propósito supone generar nuevas formas de colaboración entre académicos, estudiantes y profesores por hora, así como desarrollar condiciones institucionales que permitan ampliar la participación en investigación.

“Queremos generar espacios donde las personas puedan encontrarse alrededor de problemas comunes, compartir conocimiento y desarrollar proyectos conjuntos. Estamos trabajando, por ejemplo, en nuevas articulaciones en Psicología Social de las Intervenciones, así como en Investigación y Ciencia Abierta.

También queremos avanzar en mecanismos concretos de apoyo. Una de las iniciativas que esperamos implementar es un fondo de investigación dirigido a profesores y profesoras por hora. Si queremos construir una comunidad académica, necesitamos ampliar las oportunidades para que más integrantes de la Escuela puedan participar en la producción de conocimiento.”

La aspiración, explica, es conectar cada vez más estrechamente investigación, formación y contribución pública.

“La pregunta de fondo es qué psicología necesita el país en los próximos años y qué podemos aportar nosotros desde una universidad pública. La investigación debería ayudarnos permanentemente a responder esa pregunta.”

¿Qué le gustaría que un estudiante que ingresa hoy a la Escuela pudiera decir cuando termine su formación?

“Que lo pasó bien.” “Me gustaría que pudiera decir que aprendió muchísimo, que tuvo una experiencia universitaria significativa y que recomendaría la Escuela de Psicología de la USACH.

Por supuesto que me importa lo que aprendió, las competencias que desarrolló y el área profesional en la que decidió especializarse. Pero la universidad es más que aprobar asignaturas. También es una experiencia humana, intelectual y colectiva.

Me gustaría que nuestros estudiantes encuentren aquí oportunidades para descubrir qué tipo de profesionales quieren ser, que puedan explorar distintos caminos, participar en investigación, vincularse con comunidades y conocer otras formas de entender la psicología.

Y, sobre todo, que cuando egresen puedan mirar hacia atrás y sentirse orgullosos de haber formado parte de esta comunidad. Que puedan decir: soy psicólogo o psicóloga de la Universidad de Santiago, esta Escuela fue parte importante de mi historia y volvería a elegirla.”

Para Rojas-Andrade, esa experiencia universitaria resume también la aspiración más amplia de su gestión: una Escuela que se fortalezca académicamente sin perder su sentido de comunidad.

“Tenemos una historia importante y muchas capacidades instaladas. Ahora necesitamos ponerlas en movimiento, encontrarnos alrededor de un proyecto común y atrevernos a pensar juntos la Psicología de la Universidad de Santiago que queremos construir para el futuro.”