Expertos del Diplomado en Psicología del Deporte y la Actividad Física analizan los Juegos Olímpicos más allá de las medallas

Ago
22
2016
Para la historia quedarán las medallas de Michael Phelps y Usain Bolt . Detrás de lo que nos dejó Río 2016 hay cientos de situaciones que sobrepasan la vida de cada deportista y que incluyen emociones que no siempre son las esperadas. Lo que tradicionalmente los medios de comunicación definen como “mentalidad ganadora” es más que un tema de orgullo, tradición o predisposición positiva a escenarios desfavorables. Se trata de un trabajo emocional constante, en base a una retroalimentación entre el deportista y su motivador, orientado a mejorar las respuestas fisiológicas en el rendimiento de una determinada disciplina.

“Hoy ya no basta con estar bien entrenado en lo físico… en algunos deportes la estabilidad emocional lo es todo”, comenta la psicóloga deportiva y docente del Diplomado en Psicología del Deporte y la Actividad Física de la USACH, Laura Traverso, quien señala el caso del tirador con arco Ricardo Soto para describir cómo la capacidad de lucha y persistencia puede empujar más arriba de lo esperado. En gran parte, el éxito se basa en sobreponerse rápidamente a escenarios adversos. “Mira el resultado del gimnasta japonés Kohei Uchimura, que toleró la frustración después de su caída y eliminación en la barra fija. Finalmente logró la medalla de oro en el “all around” individual en la gimnasia artística masculina”, señala la especialista.

En ese contexto, la capacidad de reinventarse también es un valor agregado. La psicóloga comenta el ejemplo del velerista argentino Santiago Lange, que aún a la edad de 54 años participó en Río 2016 tras enfrentar un cáncer, un cambio de tipo de bote en la competición, de modalidad, de navegante (ahora es mixto) y aun así se hizo de la medalla de oro.

La familia en la competencia: ¿motivador o factor de ansiedad?

Para Benito Urra, psicólogo deportivo, también docente del Diplomado en Psicología Deportiva, “la inclusión de la familia u otros agentes no aumenta o disminuye per se la carga mental de un deportista”. En tal sentido, el especialista señala que “cuando se habla de ansiedad o de estrés competitivo, se asume que el impacto de ambos procesos depende del procesamiento que el deportista haga de ellos. En tal sentido la ansiedad puede ser facilitadora o disruptiva para el deportista y el estrés puede ser interpretado de manera positiva o negativa”.

A partir de ello, Benito aclara que la influencia de la familia –independientemente de su rol y características–, dependerá del deportista. “Obviamente, si la familia carga elevadas expectativas, exigencias y se sobre involucra en el accionar del deportista puede afectar el desempeño deportivo, pero ello siempre dependerá del manejo que haga el deportista de dicha relación”.

Asimismo, los expertos convienen en que si la familia brinda un apoyo equilibrado, trasciende lo deportivo y brinda tranquilidad al deportista probablemente actuará como un elemento de apoyo. “Por ello es necesario indagar previamente con el jugador sobre esta situación y preparar, si fuese necesario, el afrontamiento y manejo de este factor”, señala el académico.

Conoce más del Diplomado en Psicología del Deporte y la Actividad Física en el siguiente enlace: http://bit.ly/2buQFuv